Virginia Woolf escribió novelas en las que, aparentemente, no pasa gran cosa. Un paseo por la ciudad, una visita que se prepara durante todo el día, una comida familiar, una tarde cualquiera. Y, sin embargo, en ese “no pasar nada” sucede lo importante: pensamientos que se cruzan, recuerdos que aparecen sin avisar, emociones pequeñas que lo cambian todo.
Nació en Londres, rodeada de libros, y la lectura y la escritura formaron parte de su vida desde muy joven. Vivió etapas difíciles que marcaron su manera de mirar el mundo, y eso se nota en su obra. Woolf escribe sobre lo cotidiano y lo convierte en algo revelador.
Publicó algunas de las novelas más influyentes del siglo XX, como La señora Dalloway o Al faro. En ellas, la trama no es lo importan, sino que lo esencial es la percepción y el paso del tiempo. Son libros que se leen despacio, que no piden ser devorados, sino acompañados. Libros que funcionan mejor cuando uno está dispuesto a dejarse llevar por el lenguaje y por lo que se lee entre líneas. En ellas la ciudad de Londres ocupa un lugar privilegiado; sus personajes caminan por sus calles, sus parques…esos escenarios siguen ahí y recorrerlos nos traslada a sus historias donde el exterior y el interior se mezclan sin querer. Transforma escenas cotidianas en momentos de gran intensidad emocional
Su obra rompe con la tradición; pasa por alto lo que pasa y se centra en los pensamientos, en las experiencias y en cómo vivirlas donde lo importante sucede en las cabezas de los personajes. Muestra la mente frágil, contradictoria y dolorosa.
Además de novelista, Virginia Woolf fue una pensadora. En ensayos como Una habitación propia reflexionó sobre la creación, la independencia y el lugar de las mujeres en la literatura con una claridad y una conciencia feminista que sigue siendo tremendamente actual. Escribe desde la experiencia, y eso se nota
A lo largo de su vida convivió con problemas de salud mental que marcaron su experiencia y su escritura. No escribió para encajar sino que compartió su forma de ver el mundo con una sensibilidad poco común. Se suicidó en Marzo de 1941 a los 59 años.
¿Por qué leer a Virginia Woolf en primavera?
Porque la primavera es una estación de transición y su obra acompaña ese cambio lento donde el fío va dando paso al calor, donde la oscuridad del invierno se va perdiendo y la luz se queda cada día un poco más. Poco a poco, sin prisa. Eso sí, conviene tener en cuenta desde el principio que no vas a encontrar acción constante, sino que son novelas para dejarse llevar por el ritmo, leer despacio y aceptar que no todo se entiende de inmediato, sino que se siente. Muchos lectores dicen que al principio cuesta. Y suele ser verdad. Pero también dicen que después de Woolf ya no se lee igual.
Una autora perfecta para quienes disfrutan de libros que no buscan impresionar, sino quedarse contigo un rato largo. De esos que, cuando los terminas, no sientes que se acaban, sino que siguen ahí, en silencio.
Este mes recomendamos la última novedad publicada por la editorial Páginas de espuma: Violet, donde encontraremos una recopilación de 3 historias que Virginia Woolf escribió en 1907 sobre su gran amiga Violet Dickinson, en una preciosa edición ilustrada que simula los folletines británicos de principios del S.XX.
