Hay libros que conocemos antes incluso de haberlos leído.
Los viajes de Gulliver es uno de ellos.
Quizá recordemos a un hombre diminuto entre gigantes, a un gigante entre personas diminutas o alguna de las ilustraciones que acompañaron nuestra infancia. Durante mucho tiempo, la historia de Jonathan Swift se ha contado como una novela de aventuras.
Pero detrás de aquellas islas imaginarias había algo mucho más incómodo.
Una mirada hacia nosotros mismos.
Este mes celebramos los 300 años de su publicación.
Médico y cirujano de profesión, Gulliver siente una profunda curiosidad por el mundo y termina embarcándose en distintos viajes que lo llevan a lugares extraordinarios.
Primero llega a Liliput, donde sus habitantes son diminutos y él se convierte, de repente, en un gigante.
Después viaja a Brobdingnag, donde ocurre exactamente lo contrario: Gulliver se convierte en un ser diminuto frente a unos gigantes.
Y después llegarán otras tierras todavía más extrañas: la isla flotante de Laputa, el país de los houyhnhnms y otros lugares donde Swift puede llevar su imaginación hasta límites insospechados.
Cada viaje parece una aventura diferente.
Pero todos esconden la misma pregunta:
¿Qué ocurre cuando dejamos de mirar el mundo desde el lugar que conocemos?
Aquí está quizá una de las cosas más interesantes de Los viajes de Gulliver.
Aunque hoy asociemos la novela con la literatura infantil y juvenil, Swift no escribió un libro para niños.
La primera edición apareció en 1726, y bajo la apariencia de una novela de viajes escondía una sátira feroz de la sociedad de su tiempo.
Swift observaba la política, las guerras, las disputas religiosas, las ambiciones humanas y las contradicciones de la sociedad británica.
Y decidió hacer algo muy ingenioso:en lugar de escribir un tratado sobre ellas, inventó mundos imposibles.
A veces, para ver mejor nuestras propias costumbres, necesitamos alejarnos de ellas.
En Liliput, Gulliver es gigantesco.
Los habitantes de la isla son diminutos, pero sus problemas no lo son.
Se enfrentan por cuestiones absurdas, mantienen disputas y conceden enorme importancia a asuntos que, vistos desde fuera, resultan ridículos.
Swift utiliza esta inversión de tamaños para hacer algo más que divertirnos.
Nos obliga a preguntarnos cuánto de nuestras propias preocupaciones se parecería a las de Liliput si alguien pudiera observarlas desde lejos.
Quizá no seamos tan diferentes de esos pequeños habitantes como nos gustaría pensar.
En Brobdingnag sucede justo lo contrario.Ahora es Gulliver quien resulta diminuto.
Y el cambio de perspectiva modifica completamente su manera de entender el mundo.
Aquello que parecía normal desde su posición anterior comienza a resultar desagradable, incluso grotesco.
Swift vuelve a jugar con nuestra percepción:lo que parece grande depende de quién lo esté mirando.
Uno de los motivos por los que Los viajes de Gulliver ha sobrevivido durante tres siglos es precisamente porque funciona en diferentes niveles.
Puede leerse como una aventura.
Como una historia fantástica.
Como un libro lleno de lugares y criaturas extraordinarias.
Pero también como una sátira política y social.
Y como una reflexión bastante amarga sobre la naturaleza humana.
Nos muestra orgullosos, contradictorios, violentos, ambiciosos y convencidos de que nuestras propias costumbres son las normales.
En el último de sus grandes viajes, Gulliver conoce a los houyhnhnms, unos seres racionales que viven en una sociedad aparentemente ordenada y virtuosa.
Frente a ellos aparecen los yahoos, criaturas dominadas por sus instintos y comportamientos que Gulliver encuentra repulsivos.
La comparación le obliga a enfrentarse a una idea cada vez más difícil de ignorar:¿qué significa realmente ser humano?
Este 2026 se cumplen 300 años de su publicación. Tres siglos en los que hemos cambiado de barcos, de mapas, de ciudades y de formas de comunicarnos.
Y, sin embargo, seguimos reconociéndonos en algunas de las cosas que Swift puso delante de nosotros.
Seguimos discutiendo.
Seguimos compitiendo.
Seguimos creyendo que nuestra manera de hacer las cosas es la correcta.
Seguimos necesitando, quizá, que alguien nos saque de nuestro mundo durante unas páginas para que podamos volver a mirarlo con otros ojos.
Por eso podríamos considerar esta novela como un viaje de vuelta hacia nosotros mismos.
📖 ¿No la has leído?
Si solo conoces la historia por las versiones infantiles o por las imágenes de Gulliver entre gigantes, merece la pena ir al original.
Encontrarás una novela mucho más irónica, crítica y oscura de lo que piensas.
Y quizá descubras que aquel libro que parecía hablar de gigantes y personas diminutas estaba hablando, en realidad, de algo bastante más cercano: nosotros.