Hay historias a las que siempre merece la pena volver. Es el caso de Sentido y sensibilidad.
Publicada en 1811, fue la primera novela de Jane Austen y, más de dos siglos después, sigue conquistando a nuevas generaciones de lectores.
Quizá porque, aunque el mundo ha cambiado mucho desde entonces, las emociones humanas permanecen sorprendentemente intactas.
Seguimos amando, equivocándonos, esperando y tratando de encontrar nuestro lugar en el mundo.
En el centro de la novela encontramos a las hermanas Dashwood:
Elinor representa la prudencia, la razón y la contención.
Marianne, en cambio, vive guiada por la emoción, la pasión y la espontaneidad.
A primera vista, parecen opuestas.
Pero quizá una de las grandes virtudes de Jane Austen sea mostrarnos que nadie es completamente una cosa u otra.
Todos oscilamos entre el sentido y la sensibilidad; entre lo que sentimos y lo que creemos que deberíamos sentir.
Y ahí reside gran parte de la modernidad de esta novela.
Reducir esta historia a una novela romántica sería quedarse solo en la superficie.
Además del amor, Austen escribe sobre la familia, la amistad, las expectativas sociales y la posición de las mujeres en la Inglaterra de principios del siglo XIX.
Sus personajes deben enfrentarse a la pérdida, la incertidumbre y las decisiones difíciles.
Y lo hacen con una lucidez y una ironía que continúan resultando profundamente actuales.
Hay algo en Sentido y sensibilidad que parece hecho para ser leído en verano.
Quizá sean los paseos por el campo.
Las conversaciones en los jardines.
Las tardes tranquilas.
O la sensación de que, bajo la aparente calma, las emociones están siempre a punto de desbordarse.
Julio invita a ese tipo de lecturas: historias pausadas, capaces de acompañarnos durante días y de permanecer con nosotros mucho después de haber cerrado el libro.
Muchas lectoras llegan a Jane Austen a través de Orgullo y prejuicio.
Sin embargo, Sentido y sensibilidad ofrece algo distinto.
Hay una delicadeza especial, una mirada compasiva hacia sus personajes y una comprensión muy profunda de las contradicciones humanas
Hoy sigue hablándonos de cuestiones que continúan siendo universales;
El equilibrio entre razón y emoción, las relaciones familiares, las expectativas y la complicada tarea de aprender a vivir sin renunciar a quienes somos.
Más de doscientos años después, Jane Austen sigue recordándonos algo esencial: que entre el sentido y la sensibilidad transcurre la vida.